jueves 20 de agosto de 2009

"Willa Cather: Una pionera oculta" extracto de Artículo "Iguazu. Revista Artesanal de Literatura y Cultura"

Poetisa Willa Cather
Nacida el 7 de diciembre de 1875 en Back Creek Valley, cerca de Winchester, en Virginia, es una de las autoras más destacables del modernismo norteamericano.
Willa escribió 12 novelas (con una de ellas, “One of ours”, ganó el premio Pulitzer en 1923), numerososos relatos, poesía (uno de sus poemarios está escrito desde el punto de vista de la poeta griega Safo) y una gran cantidad de críticas, reseñas y artículos periodísticos. Su primera novela se publicó cuando había superado los 40 años de edad, a pesar de llevar toda su vida escribiendo, algo que siguió haciendo hasta el día de su muerte, en abril de 1947, a los 73 años.
Para Cather importaba más la sugestión que la enumeración, de manera que en más de una ocasión se refirió a su estilo, casi minimalista, calificándolo como “desnudo”. Aunque sería más comprensible si dijésemos que sus historias tan sólo nos muestran la punta del iceberg de lo que ocurre, una cualidad que encontramos más tarde en Hemingway.
“A veces me da la impresión de que muchos escritores pretenden multiplicar sus ideas en vez de simplificarlas; quieren escribir una historia de cada idea que se les ocurre. Tanto si se trata de un pianista, de un pintor o de un escritor, el arte debería simplificar, ese es para mí el objetivo del proceso: simplificar, sacrificando muchas cosas que, en sí mismas, resultan interesantes y agradables, y aproximarse todo el tiempo a una sola cosa: a ello”, dijo en una entrevista que le hicieron en 1913.
Admiradora de Whitman, Mark Twain, Nathaniel Hawthorne, Henry James y de la escritora lesbiana Sarah Orne Jewett*, Willa Cather apostó por un estilo sobrio y simple, paralelo a su preocupación –como otros escritores modernistas– por la creciente mecanización, la pérdida de valores y la masificación del consumo que empezaba a imponerse en la sociedad norteamericana, cada vez más urbana. Cather escribió acerca del conflicto “entre lo nuevo y lo antiguo, la ciudad y el campo, el artista y la sociedad, y lo hizo entre ideales y realidades, entre el deseo y el autocontrol” (Robinson, Phyillis C. Willa : The Life of Willa Cather, 1983).
Willa Cather ignoró el papel social que se le atribuía en su época a la mujer y llevó una vida marcadamente independiente, siguió una carrera que ella misma eligió y se dedicó a escribir siguiendo su propia visión del mundo e identificándose con cada uno de sus logros literarios.
A pesar de estas relaciones, Cather cultivó la imagen de celibato y pretendió rechazar cualquier relación sentimental a favor de su arte. Declaró que no podía comprometerse con nadie para poder gozar de absoluta libertad para trabajar en su escritura, que lo era todo para ella. Mantuvo casi un hermetismo absoluto con respecto a su vida privada, consciente tal vez, del conflicto que suponía el amor entre mujeres.
De hecho y probablemente consciente de que su homosexualidad sería mal entendida, Willa Cather se empeñó en los últimos años de su vida en destruir, con la ayuda de Edith Lewis, todas aquellas cartas personales que pudo encontrar. Es más, en su testamento dejó escrita la prohibición de que se reproducieran o se citasen las cartas que quedasen. A pesar de ello, la correspondencia que se salvó puede consultarse y la información que contiene es de propiedad pública.
La escasa correspondencia que ha podido recuperarse dan una imagen de Willa Cather muy distinta a su imagen pública, que ella misma alimentaba. Según Guy Reynolds en su obra “Willa Cather in context: progress, race, empire”, por un lado está “la escritora que afirma haber encontrado un nuevo filón temático, la experiencia de los inmigrantes en el Medio Oeste. Por otro lado, una Cather que acentúa su alejamiento de la vida norteamericana contemporánea. La primera es una novelista “engagé”, consciente del cambio cultural en América y deseosa de comentarlo; la segunda es una fugitiva de su época”. Esta especie de doble personalidad no es extraña si nos trasladamos a la época que le tocó vivir, que daba poco margen a comportamientos que para la mayoría de norteamericanos resultaban aberrantes. No en vano otras artistas y escritoras como Gertrude Steinn eligieron un exilio voluntario en Europa, sobre todo, París.
La gran compañera de Willa Cather a lo largo de 40 años fue Edith Lewis, con la que, según leemos en el libro “Lesbian lists (a look at lesbian culture, history and personalities”)”, mantuvo un “matrimonio bostoniano” desde 1908, año en el que comenzó a compartir un apartamento con ella, hasta su muerte, en 1947.
“Willa Cather: Una pionera oculta”
Marzo 9, 2007
Iguazú. Revista Artesanal de Literatura y Cultura

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