Alan Turing (23 de junio, 1912 en Maida Vale, Londres – † 7 de junio, 1954 en Wilmslow, Cheshire)Matemático, informático teórico, criptógrafo y filósofo inglés.
Alan Turing, está considerado uno de los padres de la informática moderna, inventó la famosa “máquina de Turing“, fue uno de los primeros grandes teóricos de la Inteligencia Artificial y en la Segunda Guerra Mundial, consiguió romper el código encriptado de los nazis y su máquina “Enigma“.Ya de niño fue un prodigio y se cuenta que aprendió a leer él solo sin ayuda de adultos en tres semanas.Siendo muy joven mantuvo una intensa relación con Christopher Morcom, que al morir muy pronto afectó a Alan profundamente. Estudió en el King’s College de la Universidad de Cambridge, donde comenzó su brillante carrera como matemático a la que tanto debemos hoy en día.Lo que no es tan conocido de Turing es su triste final y los motivos que condujeron a él:“En 1952 Arnold Murray, el amante de Turing, ayudó a un cómplice a entrar en la casa de Turing para robarle. Turing acudió a la policía a denunciar el delito. Como resultado de la investigación policial, Turing fue acusado de mantener una relación sexual con un varón de 19 años y se le imputaron los cargos de “indecencia grave y perversión sexual”.
Convencido de que no tenía de qué disculparse, no se defendió de los cargos y fue condenado. Según su ampliamente difundido proceso judicial, se le dio la opción de ir a prisión o de someterse a un tratamiento hormonal de reducción de la libido. Finalmente escogió las inyecciones de estrógenos, que duraron un año y le produjeron importantes alteraciones físicas, como la aparición de pechos o un apreciable aumento de peso, y que además le convirtieron en impotente. Dos años después del juicio, en 1954, murió por envenenamiento con cianuro, aparentemente tras comerse una manzana envenenada que no llegó a ingerir completamente.”
Extraido de: Culturagay.net
domingo, 23 de agosto de 2009
jueves, 20 de agosto de 2009
OSCAR WILDE
OSCAR WILDE
(Dublín, 1854 - París, 1900) Escritor británico. Hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee, Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.
Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes (en 1877 visitó Italia y Grecia), al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en Poemas. Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que defendía la idea del «arte por el arte» y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.
Oscar Wilde
A su vuelta, Oscar Wilde hizo lo propio en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país que visitó en 1883 y en el cual entabló amistad con Verlaine y otros escritores de la época.
En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos, quienes rechazaron el apellido paterno tras los acontecimientos de 1895. Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman’s World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, El príncipe feliz, cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas El crimen de lord Arthur Saville.
El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. Así mismo, se reeditó en libro una novela publicada anteriormente en forma de fascículos, El retrato de Dorian Gray, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.
No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como Salomé (1891), escrita en francés, o La importancia de llamarse Ernesto (1895), obras de diálogos vivos y cargados de ironía. Su éxito, sin embargo, se vio truncado en 1895 cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin éxito, pues las pruebas presentadas por este último daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.
El 27 de mayo de 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada Balada de la cárcel de Reading, la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.
Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, sus quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo. Sólo póstumamente sus obras volvieron a representarse y a editarse. En 1906, Richard Strauss puso música a su drama Salomé, y con el paso de los años se tradujo a varias lenguas la práctica totalidad de su producción literaria.
Articulo extraído de www.Biofrafíasyvidas
“Oscar Wilde”
(Dublín, 1854 - París, 1900) Escritor británico. Hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee, Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.
Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes (en 1877 visitó Italia y Grecia), al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en Poemas. Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que defendía la idea del «arte por el arte» y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.
Oscar Wilde
A su vuelta, Oscar Wilde hizo lo propio en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país que visitó en 1883 y en el cual entabló amistad con Verlaine y otros escritores de la época.
En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos, quienes rechazaron el apellido paterno tras los acontecimientos de 1895. Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman’s World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, El príncipe feliz, cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas El crimen de lord Arthur Saville.
El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. Así mismo, se reeditó en libro una novela publicada anteriormente en forma de fascículos, El retrato de Dorian Gray, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.
No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como Salomé (1891), escrita en francés, o La importancia de llamarse Ernesto (1895), obras de diálogos vivos y cargados de ironía. Su éxito, sin embargo, se vio truncado en 1895 cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin éxito, pues las pruebas presentadas por este último daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.
El 27 de mayo de 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada Balada de la cárcel de Reading, la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.
Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, sus quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo. Sólo póstumamente sus obras volvieron a representarse y a editarse. En 1906, Richard Strauss puso música a su drama Salomé, y con el paso de los años se tradujo a varias lenguas la práctica totalidad de su producción literaria.
Articulo extraído de www.Biofrafíasyvidas
“Oscar Wilde”
"Willa Cather: Una pionera oculta" extracto de Artículo "Iguazu. Revista Artesanal de Literatura y Cultura"
Poetisa Willa Cather
Nacida el 7 de diciembre de 1875 en Back Creek Valley, cerca de Winchester, en Virginia, es una de las autoras más destacables del modernismo norteamericano.
Willa escribió 12 novelas (con una de ellas, “One of ours”, ganó el premio Pulitzer en 1923), numerososos relatos, poesía (uno de sus poemarios está escrito desde el punto de vista de la poeta griega Safo) y una gran cantidad de críticas, reseñas y artículos periodísticos. Su primera novela se publicó cuando había superado los 40 años de edad, a pesar de llevar toda su vida escribiendo, algo que siguió haciendo hasta el día de su muerte, en abril de 1947, a los 73 años.
Para Cather importaba más la sugestión que la enumeración, de manera que en más de una ocasión se refirió a su estilo, casi minimalista, calificándolo como “desnudo”. Aunque sería más comprensible si dijésemos que sus historias tan sólo nos muestran la punta del iceberg de lo que ocurre, una cualidad que encontramos más tarde en Hemingway.
“A veces me da la impresión de que muchos escritores pretenden multiplicar sus ideas en vez de simplificarlas; quieren escribir una historia de cada idea que se les ocurre. Tanto si se trata de un pianista, de un pintor o de un escritor, el arte debería simplificar, ese es para mí el objetivo del proceso: simplificar, sacrificando muchas cosas que, en sí mismas, resultan interesantes y agradables, y aproximarse todo el tiempo a una sola cosa: a ello”, dijo en una entrevista que le hicieron en 1913.
Admiradora de Whitman, Mark Twain, Nathaniel Hawthorne, Henry James y de la escritora lesbiana Sarah Orne Jewett*, Willa Cather apostó por un estilo sobrio y simple, paralelo a su preocupación –como otros escritores modernistas– por la creciente mecanización, la pérdida de valores y la masificación del consumo que empezaba a imponerse en la sociedad norteamericana, cada vez más urbana. Cather escribió acerca del conflicto “entre lo nuevo y lo antiguo, la ciudad y el campo, el artista y la sociedad, y lo hizo entre ideales y realidades, entre el deseo y el autocontrol” (Robinson, Phyillis C. Willa : The Life of Willa Cather, 1983).
Willa Cather ignoró el papel social que se le atribuía en su época a la mujer y llevó una vida marcadamente independiente, siguió una carrera que ella misma eligió y se dedicó a escribir siguiendo su propia visión del mundo e identificándose con cada uno de sus logros literarios.
A pesar de estas relaciones, Cather cultivó la imagen de celibato y pretendió rechazar cualquier relación sentimental a favor de su arte. Declaró que no podía comprometerse con nadie para poder gozar de absoluta libertad para trabajar en su escritura, que lo era todo para ella. Mantuvo casi un hermetismo absoluto con respecto a su vida privada, consciente tal vez, del conflicto que suponía el amor entre mujeres.
De hecho y probablemente consciente de que su homosexualidad sería mal entendida, Willa Cather se empeñó en los últimos años de su vida en destruir, con la ayuda de Edith Lewis, todas aquellas cartas personales que pudo encontrar. Es más, en su testamento dejó escrita la prohibición de que se reproducieran o se citasen las cartas que quedasen. A pesar de ello, la correspondencia que se salvó puede consultarse y la información que contiene es de propiedad pública.
La escasa correspondencia que ha podido recuperarse dan una imagen de Willa Cather muy distinta a su imagen pública, que ella misma alimentaba. Según Guy Reynolds en su obra “Willa Cather in context: progress, race, empire”, por un lado está “la escritora que afirma haber encontrado un nuevo filón temático, la experiencia de los inmigrantes en el Medio Oeste. Por otro lado, una Cather que acentúa su alejamiento de la vida norteamericana contemporánea. La primera es una novelista “engagé”, consciente del cambio cultural en América y deseosa de comentarlo; la segunda es una fugitiva de su época”. Esta especie de doble personalidad no es extraña si nos trasladamos a la época que le tocó vivir, que daba poco margen a comportamientos que para la mayoría de norteamericanos resultaban aberrantes. No en vano otras artistas y escritoras como Gertrude Steinn eligieron un exilio voluntario en Europa, sobre todo, París.
La gran compañera de Willa Cather a lo largo de 40 años fue Edith Lewis, con la que, según leemos en el libro “Lesbian lists (a look at lesbian culture, history and personalities”)”, mantuvo un “matrimonio bostoniano” desde 1908, año en el que comenzó a compartir un apartamento con ella, hasta su muerte, en 1947.
“Willa Cather: Una pionera oculta”
Marzo 9, 2007
Iguazú. Revista Artesanal de Literatura y Cultura
Nacida el 7 de diciembre de 1875 en Back Creek Valley, cerca de Winchester, en Virginia, es una de las autoras más destacables del modernismo norteamericano.
Willa escribió 12 novelas (con una de ellas, “One of ours”, ganó el premio Pulitzer en 1923), numerososos relatos, poesía (uno de sus poemarios está escrito desde el punto de vista de la poeta griega Safo) y una gran cantidad de críticas, reseñas y artículos periodísticos. Su primera novela se publicó cuando había superado los 40 años de edad, a pesar de llevar toda su vida escribiendo, algo que siguió haciendo hasta el día de su muerte, en abril de 1947, a los 73 años.
Para Cather importaba más la sugestión que la enumeración, de manera que en más de una ocasión se refirió a su estilo, casi minimalista, calificándolo como “desnudo”. Aunque sería más comprensible si dijésemos que sus historias tan sólo nos muestran la punta del iceberg de lo que ocurre, una cualidad que encontramos más tarde en Hemingway.
“A veces me da la impresión de que muchos escritores pretenden multiplicar sus ideas en vez de simplificarlas; quieren escribir una historia de cada idea que se les ocurre. Tanto si se trata de un pianista, de un pintor o de un escritor, el arte debería simplificar, ese es para mí el objetivo del proceso: simplificar, sacrificando muchas cosas que, en sí mismas, resultan interesantes y agradables, y aproximarse todo el tiempo a una sola cosa: a ello”, dijo en una entrevista que le hicieron en 1913.
Admiradora de Whitman, Mark Twain, Nathaniel Hawthorne, Henry James y de la escritora lesbiana Sarah Orne Jewett*, Willa Cather apostó por un estilo sobrio y simple, paralelo a su preocupación –como otros escritores modernistas– por la creciente mecanización, la pérdida de valores y la masificación del consumo que empezaba a imponerse en la sociedad norteamericana, cada vez más urbana. Cather escribió acerca del conflicto “entre lo nuevo y lo antiguo, la ciudad y el campo, el artista y la sociedad, y lo hizo entre ideales y realidades, entre el deseo y el autocontrol” (Robinson, Phyillis C. Willa : The Life of Willa Cather, 1983).
Willa Cather ignoró el papel social que se le atribuía en su época a la mujer y llevó una vida marcadamente independiente, siguió una carrera que ella misma eligió y se dedicó a escribir siguiendo su propia visión del mundo e identificándose con cada uno de sus logros literarios.
A pesar de estas relaciones, Cather cultivó la imagen de celibato y pretendió rechazar cualquier relación sentimental a favor de su arte. Declaró que no podía comprometerse con nadie para poder gozar de absoluta libertad para trabajar en su escritura, que lo era todo para ella. Mantuvo casi un hermetismo absoluto con respecto a su vida privada, consciente tal vez, del conflicto que suponía el amor entre mujeres.
De hecho y probablemente consciente de que su homosexualidad sería mal entendida, Willa Cather se empeñó en los últimos años de su vida en destruir, con la ayuda de Edith Lewis, todas aquellas cartas personales que pudo encontrar. Es más, en su testamento dejó escrita la prohibición de que se reproducieran o se citasen las cartas que quedasen. A pesar de ello, la correspondencia que se salvó puede consultarse y la información que contiene es de propiedad pública.
La escasa correspondencia que ha podido recuperarse dan una imagen de Willa Cather muy distinta a su imagen pública, que ella misma alimentaba. Según Guy Reynolds en su obra “Willa Cather in context: progress, race, empire”, por un lado está “la escritora que afirma haber encontrado un nuevo filón temático, la experiencia de los inmigrantes en el Medio Oeste. Por otro lado, una Cather que acentúa su alejamiento de la vida norteamericana contemporánea. La primera es una novelista “engagé”, consciente del cambio cultural en América y deseosa de comentarlo; la segunda es una fugitiva de su época”. Esta especie de doble personalidad no es extraña si nos trasladamos a la época que le tocó vivir, que daba poco margen a comportamientos que para la mayoría de norteamericanos resultaban aberrantes. No en vano otras artistas y escritoras como Gertrude Steinn eligieron un exilio voluntario en Europa, sobre todo, París.
La gran compañera de Willa Cather a lo largo de 40 años fue Edith Lewis, con la que, según leemos en el libro “Lesbian lists (a look at lesbian culture, history and personalities”)”, mantuvo un “matrimonio bostoniano” desde 1908, año en el que comenzó a compartir un apartamento con ella, hasta su muerte, en 1947.
“Willa Cather: Una pionera oculta”
Marzo 9, 2007
Iguazú. Revista Artesanal de Literatura y Cultura
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